Si te fijas cuando somos niños, no importa ni el lugar, ni la compañía, ni siquiera que tienes entre manos, donde acabará todo, ni donde puede empezar. Una piedra es un refugio increíble, un palo la mejor espada jamás encontrada. Dos palos enormes contra un tronco el mejor palacio que un príncipe le hace a su princesa. Las olas del mar el mayor monstruo que hay que combatir, y la arena se convierte en una gran muralla que nunca dejará que el monstruo conquiste la tierra. Da igual a dónde vamos en esa camioneta, rodeados por esa manta. Vamos al mejor sitio, en el mejor carruaje y protegidos de una manta que nos hace invisibles, para que las malas lenguas no nos vean y no opinen. ¿Te parece buena idea?

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