No es fácil entender que se siente cuando tu fuente de vida se agota. Esa fuente de la que bebes y bebes hasta que llegas a sentirte inmortal, sientes incluso poder volar y poder acabar hasta con el enemigo mas poderoso.
Que vulnerabilidad... cuando un día te acercas a beber, y te han robado la fuente. Se acabó, no más agua. No más vida. No más poder. Nada. Y ahora solo eres esa persona que camina de un lado a otro como el resto del mundo.
¿Y qué más me daba a mí tener poderes, saber volar y poder flotar sobre una nube? ¿Qué importa ser o dejar de ser como el resto del mundo o poder combatir a tu enemigo? A mí me gustaba mucho mas que eso.
Tengo una bolsa con un agujero por donde se caen caricias rotas, besos robados, abrazos que queman y risas que lloran. Pierdo dignidad y respeto tras de mí a cada paso que doy. La verdad he pasado de ser todo a no ser nada. ¿Y quién me va a dar una explicación de todo esto? Nunca he creído en el destino y solo puedo odiarlo.
Me he roto el corazón en esta caída, me maree cuando vi que no eras mía y ahora que despierto vivo en una pesadilla. Sigo siendo ese poeta frustrado que te encontraste en medio de una calle abandonada, las casas y balcones todavía ni me miran. Voy dando tumbos por la vida, y vuelvo a ser invisible para los únicos ojos que me miran... o me miraban.
Dile a mi pecho que deje de sentir, dile a mi cuerpo que tiene que vivir, dile a mis ojos que deben sonreír, dile a mis oídos lo que quieren oír...

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